El incremento del gasto militar en Europa, impulsado por la guerra de Ucrania y la búsqueda de autonomía estratégica, ha abierto un debate crucial: ¿garantiza más tanques y misiles una vida más segura para la ciudadanía? Mientras la Unión Europea apuesta por el rearme, la noción de seguridad humana —definida por Naciones Unidas como la protección frente al miedo, la necesidad y la indignidad— recuerda que la verdadera seguridad no se mide en arsenales, sino en la capacidad de los Estados para proteger la vida, los derechos y la dignidad de las personas.
El giro estratégico y la paradoja actual
Europa se encuentra en un momento decisivo. La invasión rusa de Ucrania en 2022 marcó un punto de inflexión: la seguridad nacional se ha convertido en prioridad estratégica, impulsando una fuerte escalada en el gasto militar. Sin embargo, este rearme convive con amenazas profundas a la seguridad humana, entendida como el bienestar integral de las personas —libres de miedo y necesidad—. ¿Hasta qué punto los recursos dedicados a la defensa militar fortalecen la verdadera seguridad de las personas? Y lo que es más: ¿qué se sacrifica al priorizar la seguridad estatal sobre la humana?
Auge del gasto militar en Europa
En 2024, los países miembros de la UE gastaron colectivamente 325 000 millones €, equivalentes al 1,8 % del PIB europeo. Pero ya hay voces apostando por llevar esa cifra al 5 % del PIB, lo que implicaría triplicar dichos desembolsos, superando los 900 000 millones €. Este impulso se afianza con nuevas herramientas financieras: en mayo de 2025, los ministros de Defensa de la UE aprobaron un fondo de armas de 150 000 millones € llamado Security Action for Europe (SAFE), con cláusula de “compra europea” y capacidad de endeudamiento conjunto.
La arquitectura europea de defensa: ¿más control o más capacidad?
Este rearme no es desordenado: avanza sobre una base estructurada. La UE ha adoptado varias iniciativas clave:
- Strategic Compass: elaborado en 2022, busca fortalecer la política de seguridad y defensa (CSDP), con una arquitectura organizada en cuatro pilares —actuar, invertir, asociarse y asegurar—; incluye despliegue rápido de tropas, misiones civiles y militares, inteligencia, defensa cibernética y espacial.
- Permanent Structured Cooperation (PESCO): marco institucional que integra a 26 estados miembros en proyectos comunes dentro del CSDP.
- European Defence Fund (EDF): financia investigación y desarrollo militar, con fondos de hasta cientos de millones de euros al año para fortalecer capacidades y autonomía estratégica europea.
A esto se suman esfuerzos como la European Intervention Initiative (EI2), que promueve cooperación militar fuera de la arquitectura institucional, y la movilidad militar, defensa cibernética y sistemas de comunicación crítica como EUCCS.
Seguridad humana según la ONU y la UE: un marco que va más allá del rearme
4.1 Perspectiva de la ONU
La ONU define la seguridad humana como la protección contra el miedo (violencia) y contra la necesidad (pobreza), más el derecho a vivir con dignidad. Tiene cuatro principios clave: universalidad, interconexión, prevención y enfoque centrado en las personas. Según esta visión, los Estados deben atender tanto a los conflictos como a los determinantes estructurales de la inseguridad: salud, nutrición, refugio, educación.
4.2 Enfoque europeo
Europa, aunque ha incorporado parcialmente esta visión, ha tendido a priorizar la “libertad del miedo”, es decir, la protección contra amenazas físicas, desplazando los componentes socioeconómicos del modelo de seguridad humana. La Estrategia Europea de Seguridad de 2003 y documentos posteriores muestran avances normativos, pero la práctica ha dejado en segundo plano la “libertad del querer”.
Una pedagogía más reciente destaca que la UE debe proteger a cada persona individualmente —no solo sus fronteras— y no reducir la seguridad al control estatal. Sin embargo, los mecanismos reales siguen viéndose inclinados hacia la capacidad militar, más que hacia políticas preventivas, sociales y humanitarias.
Rearme versus seguridad humana: riesgos y tensiones
Desviación de recursos esenciales. El rearme sustancial, al absorber recursos públicos y financieros, puede restar inversión en salud, protección social, vivienda y mitigación climática—justamente los pilares de la seguridad humana.
Espacio público erosionado. El argumentario militarizado normaliza soluciones desde la fuerza y la disuasión. Al priorizar estas narrativas, se descuida la inversión en gobernanza democrática, derechos humanos y participación ciudadana—todo aquello que construye resiliencia civil.
Carácter simbólico y económico. El fondo SAFE, por ejemplo, busca también apuntalar la industria europea. Es legítima la autonomía estratégica, pero sin equilibrios adecuados el valor se desdibuja como protección a la vida y pasa a ser protección del capital corporativo.
Riesgo de “greenwashing” militar. Reciente controversia surge cuando la Comisión Europea propone considerar inversiones militares como parte de las finanzas ESG —socialmente responsables— argumentando que contribuyen al ODS 16 (paz, justicia e instituciones sólidas). Expertos denuncian este enfoque como una forma de warwashing que erosiona la confianza pública y trivializa la seguridad humana.
¿Qué escondemos detrás del discurso militar?
- Democracia y gobernanza. La CSDP ha desplazado su vocación original de apoyo democrático y construcción de paz hacia una lógica de seguridad pragmática, dejando de lado la dimensión de promoción de democracia en misiones externas.
- Humanización del conflicto. Incluso en escenarios de crisis —como Ucrania— la respuesta europea tiende a militarizar la intervención, más que priorizar protección civil, alivio inmediato y reconstrucción comunitaria.
Alternativas desde la seguridad humana
¿Cómo virar este proceso hacia una lógica centrada en las personas sin renunciar a capacidades de defensa legítimas?
- Presupuestos equilibrados. Reasignar parte del gasto militar hacia salud pública, mitigación climática y sistemas de protección social fortalece la seguridad humana sin comprometer la capacidad de defensa.
- Políticas preventivas e integradas. La seguridad civil (capacitación, infraestructura, digitalización, comunicación de emergencia) debe formar parte de la lógica de seguridad común.
- Reforzar misiones civiles del CSDP. Dar peso real a las misiones que promueven gobernanza, derechos humanos y justicia —como SSR en Mali (EUCAP Sahel Mali).
- Transparencia y sociedad civil. Involucrar a actores sociales —universidades, ONG, municipios— en priorización presupuestaria y evaluación de impacto, para que la seguridad sea compartida, no impuesta.
- Revisar la narrativa política. Recuperar la narrativa de “protección a la persona” frente a “protección del Estado”. La seguridad humana debe permear los discursos y las políticas, incluso las más tácticas.
Conclusión: ¿una Europa que defiende o que cuida?
Europa toma posición como potencia militar emergente con capacidad de disuasión, producción armamentística y despliegue operativo. Pero esa capacidad institucional y presupuestaria, si no incorpora la seguridad humana, corre el riesgo de volverse incapaz de proteger lo esencial: la vida digna de las personas.
La verdadera salvaguarda no está tanto en los tanques o los contratos de armas, sino en la salud, la vivienda, la libertad, la asistencia ante crisis, la educación, la paz cotidiana. Reconocer y equilibrar este desequilibrio es condición para una Europa que no sólo se defiende a sí misma, sino que valora y protege a sus ciudadanos.